El hecho de empujar todo lo que será tu día hacia dentro del vagón, y pensar que en las próximas horas no te importará nada de lo que pase en el lugar al que llamas "mi ciudad", es una de las pocas sensaciones que son capaces de enamorarme.
Viajar en apenas algunas horas hacia un lugar que no te conoce. Donde no hay que gente que te conozca, y donde no tienes porqué conocer a nadie. Tan solo quieres imaginarte por un momento que estás en eso: otro lugar. Donde no tienes una vida que te persiga en cada esquina. Donde cientos de lugares no te recuerdan las cosas que hiciste. Dejar de pensar en todos los momentos vividos para solo imaginar los venideros; que conservas en otro lugar de tu mente.
Quizás sean esas ansias que me presionan a querer abandonar el lugar en que vivo. Esas ganas de huir de todas estas esquinas. Enterrar los viejos problemas para cavar en otros nuevos. Un intento de nueva vida; ni mejor ni peor, tan solo distinta. Y es el tiempo de espera hacia ese cambio el que hace que me enamoren momentos como el de antes. Porque tan solo ansío pisar nuevas baldosas en las que grabar mi huella; y escribir sobre cientos de lugares nuevos que esperan mi tinta.
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