Levantas de tu cama, pero tu alma sigue acostada. No quiere levantarse, y tú, ya estás en el suelo.
Y la congoja se apodera cada ínfimo rincón. ¡Y ojalá con 'rincón' me refiriese a una habitación! Por cada pequeña discusión o llanto, un dolor en el pecho. Y es dolor físico. Impresionante. Cómo lo psicológico llega a doler de verdad. Aquellas frías manos puede que tan solo fueran un pequeño vaticinio de lo que iba a ser todo mi nuevo mundo. ¡Y que por las calles persiga tu rostro entre cientos de caras que perplejas me clavan! Y ni en los ojos más humedecidos estás. Que los platos que se presentan ante mí no incitan mi hambre, a pesar de tener un estómago vacío. Que la Luna apenas es visible, pues el Sol ha dejado de brillar y descubrir su belleza. Que tu recuerdo se estrella contra mi pared, y hecho añicos lo recojo e intento juntar cada parte, ¡pero siempre hay partes que no encajan! ¡Dios si pudiera tener un solo recuerdo pleno! Sí, de todas las cosas. De las que no se hablan casi nunca. Las 'pequeñas' cosas. Como despegar los labios y ver que se forme una sonrisa donde justo unas décimas antes estaba besando. Y saber que el motivo de esa sonrisa, soy yo. Y entonces querer emprender una carga y arremeter de nuevo, para seguir sumándolas. ¡No sabéis qué es tenerla a milímetros y que apoye su coco en mi hombro, tíos! ¡Que hasta las raíces de los árboles tiemblan, colegas! Y que todo lo que parecía una Vida se desvanece un día, y solo te quedan los mellados recuerdos, y miles de texto que te recuerdan lo que un día hiciste, y te demuestran lo que hoy vales.
No hay comentarios:
Publicar un comentario