23 mar 2012

Última parada.


 Había más asientos libres, pero decidió sentarse con ella. Se conocían desde hace muchos años, pero casi nunca hablaban. Ella estaba junto a la ventana, peinándose con sus manos; apenas hizo reparo en que se sentara en aquel sitio.
- Me encanta tu pelo. Podría pasarme mirándolo horas y no me cansaría.
Sonrió. Era rubia, y su pelo abarcaba la espalda en su totalidad.
- Podría decirte mil cosas. Ninguna de ellas pensadas antes; instantáneas al verte. Podría hablar sin parar. Hacer que pusieras mi nombre a tus jaquecas y hasta podrías odiarme.
-  No te entiendo.
- Pero también podrías, porqué no, quererme unas horas. Podrías quererme y yo fingir no hacerlo para aumentar tu deseo.
No le dirigió la mirada mientras pronunciaba todo aquel discurso. Ninguno de los dos.
- Eres de un horrible a veces... Apestas a alcohol.
- Haríamos la noche nuestra, y al día siguiente no sé si sería capaz ni de hablarte.
- ¿A qué viene todo esto?


Ella no entendía nada. Y él lo sabía.


- Hace años que cerraste aquel capítulo, y lo haces muerto. Y yo también lo hacía. Pero, he resucitado de nuevo a aquel hijoputa que mataste. Pero no quiero recuerdos. Importa este autobús, esta noche, y las seis cervezas que llevo.
- No quiero que sigas.
- Y claro que podría continuar bebiendo e irme a buscar la luna que me quiera esta noche y dejarte aquí con tus estúpidas caras de repugnancia que me echas. Pero lo siento, no será hoy. Porque hoy estoy enamorado de ti como ayer. Y aunque mañana apenas te piense, hoy me muero si no te tengo.


Le acarició el pelo. Continuó hacia su mejilla, y paso sus dedos  rápidamente. Ella cerró los ojos. Estaba cansada y solo quería volver a casa.
-  Eres increíble. No nos vemos en semanas, y vas soltándome esto con total naturalidad. Y siempre que vienes a verme, estás más sucio que la vez anterior. Más horrible. Y aún así, cada vez consigues gustarme más.
- Ya sabes lo horrible que puedo ser a veces.


Él se levantó de la cama, tan solo llevaba sus calzoncillos. Se preparaba para vestirse, pero antes derribó toda aquella ropa de la silla de ella, y se sentó. La observó durante algunos minutos, y después se fue.

2 comentarios:

  1. Sin palabras..
    ¿Lo has hecho tú?
    Te aplaudo si es así.

    ResponderEliminar
  2. Hey!
    Pues sí, lo escribí una noche.
    Me alegra que te haya gustado!
    :)

    ResponderEliminar