31 mar 2012

4:28 en la cárcel.

Creatividad muerta. El día a día se puebla de miles de segundos y minutos eléctricos; y el noche a noche de miles de sueños con y sin almohada. Chispas que no harían arder ni una hoja, almohadas de ladrillos. Enveneno esta carne para alimentar a la otra, sí. ¿El alma? Un carajo. No hay dos, sino uno. Y nada metafísico. ¿O todo? Arrástrame a esta silla después, y oblígame. Lo de tirarnos al suelo, no hace falta. Que le jodan al 'spring time' si quiero mi invierno y ella mi chaqueta. Si quiero el frío dentro y fuera. De hundirse con el barco, ¿sabes? De que lleváis mil de segundos espiándome y seguís como al principio. Notas. No pilláis de esto ni los puntos, ni las comas, ni la fusión. Que la camisa me revienta si te veo. Y los dedos entumecidos. Las rratas conservan más dignidad al no salirse del renglón y los perrros más; por fieles. Y míralos, en la jodida calle sin electricidad. De segundos, digo. Porque de minutos ni les hables. Carecen de reloj y de luna. Y miro mi muñeca y cora, y soy igual que ellos. ¿Qué diferencia? No creo en la roja natural. Y tampoco el mirarme con tu cara del espacio.¿De qué planeta dices? No, no lo conozco.
  Seré yo el desigual.

23 mar 2012

Última parada.


 Había más asientos libres, pero decidió sentarse con ella. Se conocían desde hace muchos años, pero casi nunca hablaban. Ella estaba junto a la ventana, peinándose con sus manos; apenas hizo reparo en que se sentara en aquel sitio.
- Me encanta tu pelo. Podría pasarme mirándolo horas y no me cansaría.
Sonrió. Era rubia, y su pelo abarcaba la espalda en su totalidad.
- Podría decirte mil cosas. Ninguna de ellas pensadas antes; instantáneas al verte. Podría hablar sin parar. Hacer que pusieras mi nombre a tus jaquecas y hasta podrías odiarme.
-  No te entiendo.
- Pero también podrías, porqué no, quererme unas horas. Podrías quererme y yo fingir no hacerlo para aumentar tu deseo.
No le dirigió la mirada mientras pronunciaba todo aquel discurso. Ninguno de los dos.
- Eres de un horrible a veces... Apestas a alcohol.
- Haríamos la noche nuestra, y al día siguiente no sé si sería capaz ni de hablarte.
- ¿A qué viene todo esto?


Ella no entendía nada. Y él lo sabía.

19 mar 2012

Párpados sellados.

Durante años, luchó por abrir sus ojos. Sus parpados, quizás dotados de alguna enfermedad o maldición, parecíanle pesar toneladas, con el consiguiente perpetuo cierre de éstos y sin jamás poder levantarlos un ápice. Condenado a contemplar continua negrura, aceptó su destino, y vivió durante años ciego. Aunque los años se perdieron en el infinito, y la noción del tiempo también. Apenas podía distinguir día de noche, horas de segundos. Con su ceguera, y su soledad, nunca aprendió a valerse; y vivió muerto. La sensación que ocupaba su mente todo el tiempo era la de que, sí, tenía los ojos abiertos. Pero no veía absolutamente nada.



Un día, o noche, palpó sus ojos con la yema de sus dedos. Nunca antes lo había pensado. Así saldría de dudas de si tocaba su globo ocular, o si, al contrario, notaba su párpado cerrado. Con la ansiedad de saber la respuesta, y la lentitud de quien no quiere respuesta por temor a la verdad, acercó sus dedos hacia sus ojos. Del roce, cerró en acto reflejo sus ojos. Los tenía abiertos. Todo el tiempo. Durante esos años, permaneció con los ojos completamente abiertos, pero quizá careciendo de sensibilidad en sus párpados. Y no era la negrura interior lo que veía, sino la exterior. Un mundo completamente a oscuras. Carente de luz, carente de todo rastro de vida. Vivió muerto, en un mundo de muertos. Y entonces, por primera vez, cerró los ojos para no ver.

16 mar 2012

Sin tratamiento.

Afirmo que la vida es bendición y sentencio que vivir es perdición. Adictos al vaivén de los acontecimientos. Trata de droga tu historia, y sé un drogadicto. Y ojalá nunca estés de mono; aunque del espacio los haya de por medio. Y no es esta soledad envenenada la que hace que de mí surjan palabras como estas; no, jamás. Es el bienestar. El pensar en frío estando en llamas el que hace una visión de tres sesenta. Porque el optimismo y el pesimismo son aficionados al tenis, y juegan en mi campo. De local, sí. Y me brindan el partido al empezar. Con dos cojones. Y, a pesar de ser uno "mejor" que el otro, ambos son campeones y baten cada punto como el de partido. Y, aunque odie el tenis, amo verlos jugar.




Que si mi vida se encuentra presa en un hilo, es de nylon. Y solo sonaré si me haces vibrar. Solo sonaré en teatros de butacas ocupadas de asistentes sordos. No ciegos. De la cruda incomprensión comprendida en el comprender de la obra. Mi obra.

4 mar 2012

Luz difusa.

Ya caía el atardecer, justo como había planeado para que fuese la hora perfecta. La playa, digna de lienzo, era una testigo más de la historia. Aves volaban a ras del mar, salpicándose con algunas de las gotas que aquel mar les ofrecía para refrescar el que había sido un día caluroso; pero ahora el clima era perfecto. Y no era casualidad, lo tenía todo planeado.




Ella, preciosa, apenas llevaba un vestido que abandonaba la normalidad, pero era perfecto. Aunque quizás confundió la perfección de aquellas telas con la perfección de ella; sí, sería eso. Nunca había visto sus ojos parpadear como aquel día, ni sus labios curvarse como en aquellas horas. Sus mejillas, cada día más angelicales, sonrojábanse ante algunas felicitaciones de los pulcros invitados. Ante ellas, solo podía proferir una ascendente sonrisa y un 'gracias' que se perdía en la atmosphera que les refugiaba. 

Nunca le atrajo la idea de organizar una boda multitudinaria; de hecho, no había más de veinte personas, todos conocedores de la historia desde el más confuso comienzo, hasta el más nítido final. Era el día.

Él, desconectando su mente del presente, haciendo oídos sordos a las palabras que rezaba aquel trajeado Padre, viajó por el futuro; y ya comenzó a imaginar cómo sería despertar cada mañana y saber que los sueños se hacen realidad. Pero tan solo si te aferrabas a ellos incluso antes que a ti. Y de las últimas palabras que consiguió escuchar, fueron las que desencadenarían la nueva vida. Iluminado, da su "Sí, quiero", y el trajeado comienza de nuevo a hablar, realizando la misma pregunta a ella. "[...] hasta que la muerte os separe?"