2 jul 2012

Poeta sin primavera.

El tiempo de las musas se ha acabado, gritaba. Y es cierto, no mentía; las musas se han extinto. Aquellos tiempos ya pasaron. Las ganas de conquistarlas, describir cada gesto, cada partícula de su ser. El amor por blogs, el odio por el blog; la vida y la envidia. El llegar y buscar palabras ajenas. No, no tan ajenas. Ya no hay nada de eso. Ahora os contaré una historia. La de un chico en un siglo no muy lejano a este, que quedó cautivado por la más hermosa chica de su mundo. Durante décadas la escribió cada día y cada noche. Y aunque ya la tenía más que hechizada por sus palabras, continúo saciándola. Así cada día, y cada noche; hasta que se acabaron las palabras. Y yo que te creía eterna y perfecta, decía. Ella se casó. Él se cansó.  Y continuó escribiendo a la vida sin esperar ninguna caricia como antaño. Ahora él era el insatisfecho. No quería escribir, no quería que le escribieran. Los tiempos pasaron, y quería seguir viviendo aquellos, pero ya era imposible. Ni la recordaba. Y entonces se retiró a algún lugar, y murió.



Puede que esa historia no sea verídica, pero ¿y qué? ¿Acaso no soñasteis con algo así y luego quedó en más que mero sueño ligero? Así es. Ya no hay 16, ahora son los 17 que se es-fuman. Feliz, sí. Triste, también. De no olvidar los días y olvidarlos todos. De echar de menos, y echar de más. De que continúa el círculo, los sentimientos se van y las ganas vuelven. De cables allá arriba. No sé si me entiendes cuando en cables me refería a líos y allá arriba a mi cabeza.

Irme lejos, que no me recuerden, y que no les recuerde. Un autobús. M de Z. Allí, para vivir otros 16. Que las ganas regresen. Ya tardabas en llegar, Verano. Enamórame como la primavera y ódiame como los lunes. Que suene el despertador de tu codo y no tenga ganas de levantarme. Ni de levantarnos. Vuelve, porque el tiempo se va, y nos estamos yendo día a día junto a él. Y será duro cuando nos recordemos eternos y perfectos, pues ya jamás seremos así. Pero no temas, conozco mil sitios que aún te quiero enseñar. Mil canciones, mil rincones. En tu cuerpo y en mi cuerpo. Nos falta tiempo. Nos sobra tiempo. Engañamos a la ciencia haciéndolo al revés. Por eso no nos olvidamos. Importantes, siempre. Y dame unos años para conseguirte aquella playa y aquel atardecer. Y aquellas Vegas soñadas. Y aquellos amaneceres en otros estados. Solo dame unos años. Podemos empezar cuando marque cero y olvidar el negativo.

¡Hey, playa!

2 comentarios:

  1. Encontrarme con entradas de este tipo, asombrosas, es un placer. Me quedé sin palabras. ¡Simplemente precioso!

    Besos agridulces♥

    ResponderEliminar
  2. Todavía queda tiempo para un par de palabras más, y siempre habrá suficiente para irse a las Vegas.

    ResponderEliminar