Deshice mi maleta sobre la cama. Muy poca ropa, muy pocas cosas. ¿Cómo es posible que quepa mi vida en una maleta tan pequeña? El azul atravesaba la ventana y se proyectaba en las cuatro paredes del que sería mi dormitorio. Tan solo había azul. Un océano. Me estoy ahogando, siento. ¿A cuántos kilómetros estoy de casa? ¿A cuántos kilómetros estoy de encontrarme? No, ya me he encontrado. Esto es encontrarme, lo de antes, era perderse. Sí, será eso. El gordo rubio entró en mi cuarto, y se sentó en la cama, sobre una de mis camisas favoritas: la verde. Hijo de puta, levanta tu culo, pienso. Sonrío y le arranco de sus posaderas mi camisa, él sonríe y dice algo que ni idea.
Son las cinco. No puedo más. No me encuentro, me pierdo. No cojo ni la maleta, salgo de allí. A las siete y media estaba de nuevo de vuelta, nadie sabía que me había ido. Fui donde estaba ella, sentada sobre aquel banco. Me siento junto a ella, le doy dos besos. Un flash.
- ¿Dónde te has metido? ¡Has tardado como una hora!
- Cállate.
Cállate y hagamos como si nada.
ResponderEliminarTenía otro final.
ResponderEliminar"- Cállate, esto no es más que un sueño.
Me desperté."
Pero así queda más abierto.
Cállate (Seguidamente escena de violación)
ResponderEliminarhahaha, también.
EliminarOtra forma de perder el tiempo o de hacerlo, según se mire.
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