15 may 2012

Running away into you.

Arrancar en cada trago a aquel niño de cualquier cuerpo. Tan solo una llave para desbloquear todos los pensamientos. Los cohíbes en el día y al llegar la noche consigues liberarlos. Y a pesar de todo no es la herramienta recomendada. Una cerradura, entonces, en la que no encaja ninguna llave. Y debería sentir desasosiego cuando veo que soy dos en vez de uno. Pero me encanta. Me encanta ser ese que puede decirte mil cosas. Y ser ese que no sabe decir ninguna. Arrastrarme por encontrar mis palabras y arrastrarme por encontrar las tuyas. Solo tenemos instantes y la oportunidad de hacerlos eternos. Vivir y morir en cada día. Saber que son infinitos los rincones aún por descubrir. Y el hecho de saber que jamás conoceremos ni una décima parte del puzzle. Las piezas quedan reducidas a cartón que no encaja. Rézale a tu Dios para encontrarte. Y aún no haciéndolo seguirás refugiándote en sus oraciones. Siempre con esperanza. Una esperanza que se desbanece cada día entre sábanas y sueños rotos. Y ojalá siga tu sudor saciándome un día más en el mañana más ingrato. Ojalá las paredes de los portales me cuenten las historias que han visto. Sus ojos nunca se humedecieron aún viendo más que el hambre, pero tuvieron el irremediable deseo de cerrarse para no abrirse ni en cualquier mediodía de domingo. Vetusto queda ya lo de mi chaqueta en sus hombros y ahora es el aire que le falta para poder decirme una noche más es increíble.

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