Aquel día, aprendió a quererla. Comprendió que no necesitaba nada más que unas cuantas caricias y algunos de sus besos para saber que su cora estaría tranquilo. Habían sido días de 24/7 con su imagen en su cabeza, pero no en sus ojos. Aprendió a quererla en silencio. Sin que compartieran el mismo aire durante apenas unos minutos para poder decirle cuánto sentía. Sin que supiera nada de él. Sin que ella pudiera entrar en la atmósfera de él y convertirse en su azul cielo. Aunque él no quería más cielo del que se encontraba en su boca. Y es por eso que, cuando volvió, introduciendo su llave silenciosamente y sin haber telefoneado antes, él aprendió a quererla.
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