Durante horas, aquel hombre le contó todas las historias pasadas del chico; todas sus angustias, metas, desilusiones, motivaciones, fracasos y logros. Cuando finalizó todas ellas, dejándole hasta el momento antes de su inconsciencia, el anciano desapareció. El chico ahora, tenía una vida basada en una historia contada. No se sentía protagonista de aquello, pero ¿qué tenía si no? Desprestigió la primera opción por miedo a llegar a sentir su fracaso real; sin pensar en algún momento que el logro tampoco sería experimentado.
Cadáver vivo.
Nunca confió en si mismo, ni al principio. Construyó su propia vida frente a una base de palabras que bien podrían ser falsas. Y así, se vio víctima de su propio cuento sin perdices ni final feliz.
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