26 ene 2012

Segundo eléctrico.

Cuando tu pensamiento se travistió con mi imagen por un segundo.
Y es eso, un segundo, el que bastó para que clavara mis ojos en ella, y ella en los míos, y saltaran las miles de chispas que incendiarían los miles de bosques creando una naturaleza paradójica para diccionarios y armónica para nosotros. Por un segundo, mi mundo dejó completamente de girar, desconociendo si ella era partidaria de esta mía situación o simplemente era el único al que el contador se le puso a cero, ansiando llenarlo con los miles de futuros recuerdos y sensaciones capaces de erizar cada uno de los vellos de mis brazos y manos que en aquel momento, se encontraban refugiadas en los bolsillos de mi sudadera. Y es tan solo un cruce de un segundo, y una sonrisa perlada, las que echaron aceite a este chirriado mecanismo dentado. Nunca la volveré a ver; y nunca me volverá a ver. Pero por ese ínfimo segundo, fuimos una vida, y una muerte. Fuimos amor y odio. Fuimos las miles de horas de ensayos y repasos entre bastidores para la representación de tan solo un par de horas. Pero todo esto queda reducido, nuevamente, a ese segundo.

Y ahora, continuará su camino sin nombre y cruzará su mirada con decenas de desconocidos, como lo soy yo, provocando quizás una simple atracción, o incluso ni eso; desconociendo todas y cada una de las palabras que le brindé por aquella noche en que nuestras vidas se cruzaron, por, tan solo, un simple segundo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario