Créame.
Distráeme de lo nocivo, y arrástrame hacia el pozo de mis deseos. Y, déjame sacar de él todo cuanto desee, y déjame beber durante décadas, hasta que me encuentre satisfecho, pero la cubeta se muestre infinita. Y, cuando mejor todo vaya, piérdeme. Piérdeme para poder encontrarme y decirme lo mucho que me has echado en falta. Piérdeme apagando tu luz, dejando mi barco sumirse en la oscuridad mientras roza costa y créase en alta mar. Y luego, corre tu pelo dejando ver tu cara y muéstrate. Muéstrate solo para que estos ojos tengan sus merecidas vacaciones; y el lagrimal las rebose de felicidad. Muéstrate nueva y experta, siendo vieja e inocente. Sé una paradoja. Sé mi paradoja. La de los lunes y los martes. La de los miércoles. Y la de los jueves, viernes, sábados y domingos. Y la de los Doce. Déjame ser diminuto e introdúceme, y déjame recorrer cada rincón de tu mente llamando a cada recuerdo y deseo. Déjame hacer ruido. Y, déjame descolgar la cuerda capaz de servirme de conexión entre tu mente y tu corazón; para así vagar libremente por cada uno de ellos. Aléjate. Pero solo para que recuerde qué era el mundo real. Solo para excusar mis cartas. Solo para pensar "joder". Y, entonces, jódeme. En mi cama, y en la de otros. En mi pecho, y en mi coco. Jadea tras mi cuello y arráncame la piel de mi espalda con tus rojas uñas combinando con tu carmín. A tiras. Y luego, mírame sudorosa en mi suelo, y pídeme más. Y háblame. Aunque estemos prohibidos. Aunque tengamos que morir por las ocho. Fórmalas, y olvida la repetición. Y tras cada una de tus palabras, destrúyeme y créame; pero, sobre todo, lo último.
Creo que nunca había leido algo tan apasionado e intenso.
ResponderEliminarGracias, de verdad.
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