Dios, qué insoportable.
Persona que pueda respirar cada mañana no es una que se encuentre en un estado de espera casi perpetuo. Comprendido este tiempo en, quizás, una semana, menos, más, créese una longeva vida basada en el aburrimiento sin placer. Se vio el principio pero incapaz de alcanzar desde aquí el final; que se esconde oscuro refugiado en contenedor o, quizás, en carruaje de un solo caballo. Pero, blanco. Y alado, ¡qué cojones! Largas son las noches e insufribles son los días. Apenas tuve tu calor, pero fue suficiente para broncearme; y ahora, que vuelvo a palidez, anhelo tu Sol y rehuso la Luna. ¡Ilumíname, coño! Se está tan oscuro aquí, que apenas alcanzo ver mis propias cicatrices y solo las sé de existencia por la sangre que recorre haciendo rebosar cada poro; ahogándome aún más. Y no creo que haga falta decir, a esta altura avanzada de la entrada, que no es el día 3, ni mi Septiembre. Harto de tanto sufrimiento solo quiero volver, quizás, unas semanas atrás para escuchártelo decir incluso cuando estaba prohibido. Pero no sé en qué momento fuimos a parar así. Y, ¡joder si pudiera decirte tan solo una de estas palabras sin sentirme culpable! ¡De no querer ser tu dolor de cabeza e irremediablemente pasar a ser tu migrañas con nombre! O, sin cariño alguno, letra.
29 ene 2012
26 ene 2012
Segundo eléctrico.
Cuando tu pensamiento se travistió con mi imagen por un segundo.
Y es eso, un segundo, el que bastó para que clavara mis ojos en ella, y ella en los míos, y saltaran las miles de chispas que incendiarían los miles de bosques creando una naturaleza paradójica para diccionarios y armónica para nosotros. Por un segundo, mi mundo dejó completamente de girar, desconociendo si ella era partidaria de esta mía situación o simplemente era el único al que el contador se le puso a cero, ansiando llenarlo con los miles de futuros recuerdos y sensaciones capaces de erizar cada uno de los vellos de mis brazos y manos que en aquel momento, se encontraban refugiadas en los bolsillos de mi sudadera. Y es tan solo un cruce de un segundo, y una sonrisa perlada, las que echaron aceite a este chirriado mecanismo dentado. Nunca la volveré a ver; y nunca me volverá a ver. Pero por ese ínfimo segundo, fuimos una vida, y una muerte. Fuimos amor y odio. Fuimos las miles de horas de ensayos y repasos entre bastidores para la representación de tan solo un par de horas. Pero todo esto queda reducido, nuevamente, a ese segundo.
Y ahora, continuará su camino sin nombre y cruzará su mirada con decenas de desconocidos, como lo soy yo, provocando quizás una simple atracción, o incluso ni eso; desconociendo todas y cada una de las palabras que le brindé por aquella noche en que nuestras vidas se cruzaron, por, tan solo, un simple segundo.
Y es eso, un segundo, el que bastó para que clavara mis ojos en ella, y ella en los míos, y saltaran las miles de chispas que incendiarían los miles de bosques creando una naturaleza paradójica para diccionarios y armónica para nosotros. Por un segundo, mi mundo dejó completamente de girar, desconociendo si ella era partidaria de esta mía situación o simplemente era el único al que el contador se le puso a cero, ansiando llenarlo con los miles de futuros recuerdos y sensaciones capaces de erizar cada uno de los vellos de mis brazos y manos que en aquel momento, se encontraban refugiadas en los bolsillos de mi sudadera. Y es tan solo un cruce de un segundo, y una sonrisa perlada, las que echaron aceite a este chirriado mecanismo dentado. Nunca la volveré a ver; y nunca me volverá a ver. Pero por ese ínfimo segundo, fuimos una vida, y una muerte. Fuimos amor y odio. Fuimos las miles de horas de ensayos y repasos entre bastidores para la representación de tan solo un par de horas. Pero todo esto queda reducido, nuevamente, a ese segundo.
Y ahora, continuará su camino sin nombre y cruzará su mirada con decenas de desconocidos, como lo soy yo, provocando quizás una simple atracción, o incluso ni eso; desconociendo todas y cada una de las palabras que le brindé por aquella noche en que nuestras vidas se cruzaron, por, tan solo, un simple segundo.
19 ene 2012
Función vital.
Créame.
Distráeme de lo nocivo, y arrástrame hacia el pozo de mis deseos. Y, déjame sacar de él todo cuanto desee, y déjame beber durante décadas, hasta que me encuentre satisfecho, pero la cubeta se muestre infinita. Y, cuando mejor todo vaya, piérdeme. Piérdeme para poder encontrarme y decirme lo mucho que me has echado en falta. Piérdeme apagando tu luz, dejando mi barco sumirse en la oscuridad mientras roza costa y créase en alta mar. Y luego, corre tu pelo dejando ver tu cara y muéstrate. Muéstrate solo para que estos ojos tengan sus merecidas vacaciones; y el lagrimal las rebose de felicidad. Muéstrate nueva y experta, siendo vieja e inocente. Sé una paradoja. Sé mi paradoja. La de los lunes y los martes. La de los miércoles. Y la de los jueves, viernes, sábados y domingos. Y la de los Doce. Déjame ser diminuto e introdúceme, y déjame recorrer cada rincón de tu mente llamando a cada recuerdo y deseo. Déjame hacer ruido. Y, déjame descolgar la cuerda capaz de servirme de conexión entre tu mente y tu corazón; para así vagar libremente por cada uno de ellos. Aléjate. Pero solo para que recuerde qué era el mundo real. Solo para excusar mis cartas. Solo para pensar "joder". Y, entonces, jódeme. En mi cama, y en la de otros. En mi pecho, y en mi coco. Jadea tras mi cuello y arráncame la piel de mi espalda con tus rojas uñas combinando con tu carmín. A tiras. Y luego, mírame sudorosa en mi suelo, y pídeme más. Y háblame. Aunque estemos prohibidos. Aunque tengamos que morir por las ocho. Fórmalas, y olvida la repetición. Y tras cada una de tus palabras, destrúyeme y créame; pero, sobre todo, lo último.
Distráeme de lo nocivo, y arrástrame hacia el pozo de mis deseos. Y, déjame sacar de él todo cuanto desee, y déjame beber durante décadas, hasta que me encuentre satisfecho, pero la cubeta se muestre infinita. Y, cuando mejor todo vaya, piérdeme. Piérdeme para poder encontrarme y decirme lo mucho que me has echado en falta. Piérdeme apagando tu luz, dejando mi barco sumirse en la oscuridad mientras roza costa y créase en alta mar. Y luego, corre tu pelo dejando ver tu cara y muéstrate. Muéstrate solo para que estos ojos tengan sus merecidas vacaciones; y el lagrimal las rebose de felicidad. Muéstrate nueva y experta, siendo vieja e inocente. Sé una paradoja. Sé mi paradoja. La de los lunes y los martes. La de los miércoles. Y la de los jueves, viernes, sábados y domingos. Y la de los Doce. Déjame ser diminuto e introdúceme, y déjame recorrer cada rincón de tu mente llamando a cada recuerdo y deseo. Déjame hacer ruido. Y, déjame descolgar la cuerda capaz de servirme de conexión entre tu mente y tu corazón; para así vagar libremente por cada uno de ellos. Aléjate. Pero solo para que recuerde qué era el mundo real. Solo para excusar mis cartas. Solo para pensar "joder". Y, entonces, jódeme. En mi cama, y en la de otros. En mi pecho, y en mi coco. Jadea tras mi cuello y arráncame la piel de mi espalda con tus rojas uñas combinando con tu carmín. A tiras. Y luego, mírame sudorosa en mi suelo, y pídeme más. Y háblame. Aunque estemos prohibidos. Aunque tengamos que morir por las ocho. Fórmalas, y olvida la repetición. Y tras cada una de tus palabras, destrúyeme y créame; pero, sobre todo, lo último.
4 ene 2012
La hora que no alcanzó el reloj.
Devuelve la jarra al surco circular que se había formado en la mesa con las gotas sobrantes del sorbo que se dignaron a tomar la carretera de cristal y no el camino hacia la boca, quedando desamparadas ante el inminente paño blanco de tonos negros que limpiaría aquella superficie en las horas pertinentes a las que el bar se aproximase a su cierre, y dirige la mirada hacia los dos hombres que compartían con él mesa.
-¡No voy a quedarme de brazos cruzados viendo como todo se aleja y yo continúo perpetuo a este sitio! ¡No pienso hacerlo! - exclama el más pequeño de la mesa, de edad próxima a la libertad de vida y esclavitud a responsabilidades.
Los tres extravagantes compañeros de jarra presentan una curiosa condición: entre el primero y el segundo hay diez años de diferencia, los mismos que hay entre el segundo y el tercero; quedando una diferencia de veinte entre el primero y el tercero. Y todos ellos comparten la misma vida.
1 ene 2012
Marginado día.
Las interminables horas de la noche dieron paso a un día que se travistió de noche también, pues unas oscuras nubes cubrieron todo el techo de la ciudad, dejando una oscuridad que duraría toda la mañana. El cadáver no tardó mucho en encontrarse en una de las orillas del río, y los agentes ya examinaban el puente que sería el conector del suceso, esperando encontrar alguna pista que apuntase a que aquello había sido más que un simple suicidio. Pero no la hubo.
Uno de los agentes se aproximó a la barandilla desde la cual se había arrojado a su muerte, y tan solo descubrió algo que podía tener relación, o quizás no. Tallado, con alguna superficie que podía comprenderse desde una llave, hasta un cuchillo, un simple número.
Uno de los agentes se aproximó a la barandilla desde la cual se había arrojado a su muerte, y tan solo descubrió algo que podía tener relación, o quizás no. Tallado, con alguna superficie que podía comprenderse desde una llave, hasta un cuchillo, un simple número.
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