30 jun 2012
Sin rumbo y sin batería.
¿Dónde estamos? Ni idea. Voy por una carretera interminable sentado en el asiento del copiloto. ¿El coche? Viejísimo. Y el adónde vamos tampoco importa demasiado. Tan solo importa la carretera y las cientos de luces que sirven de amigas. Wind up space. En mis manos tengo el único medio que me mantiene vinculado a ella, y casi no le queda batería. Estamos fuera del Mundo. Esta es la única conexión a la realidad. Preciosa realidad. Pronto nos perderemos para siempre. Ella lo sabe. Me manda el último recuerdo de lo que sería esta tierra. Simplemente ella: su inmortal sonrisa que atravesaría cualquier televisor, sus ganas de vivirme, todo y nada a la vez. Inmortalizado en una foto. Es ese último recuerdo el que me hace olvidarme de todo lo que esté muerto, para simplemente soñar en lo vivo. Porque me ha dado la vida. Muerto tantas veces y después reaparecido. Ahora solo el vivo. Las carreteras se acaban, pero ella aún no duerme. ¿Y a mí? A mí todavía me queda para llegar.
28 jun 2012
Música como filosofía.
Toda la música está contenida en una dimensión infinita, e inalcanzable de manera directa para el hombre. Todas y cada una de las canciones y piezas musicales se encuentran perdidas por una cuarta dimensión espacial. En el momento en que aprendemos a tocar un instrumento, creamos una conexión hacia esa dimensión que nos permite traer de allí esas canciones. Y es cuando desarrollas cierta habilidad con algún instrumento cuando te es más fácil traer la música desde allí hasta aquí.
En el momento en que se juntan ciertas personas para tocar alguna pieza en común, es cuando se evoca esa canción al mundo real. Se invoca. No existe más que cuando se toca en directo. Ninguna grabación es capaz de captar la atmosphera de la cuarta. Hay que vivirlo.
Y es que cuando tocamos algún instrumento es cuando recargamos los sentimientos perdidos en el día.
En el momento en que se juntan ciertas personas para tocar alguna pieza en común, es cuando se evoca esa canción al mundo real. Se invoca. No existe más que cuando se toca en directo. Ninguna grabación es capaz de captar la atmosphera de la cuarta. Hay que vivirlo.
Y es que cuando tocamos algún instrumento es cuando recargamos los sentimientos perdidos en el día.
25 jun 2012
De no R-umba.
Perdí todo por ganar nada. Sí. Lo sé; lo sabes, me equivoqué y ahora no hay vuelta atrás. Pero tantas veces pienso el y si, y no puedo apenas imaginarlo. Será por eso el que no elegí tu camino, y me arrojé por cualquier acantilado creyendo que abajo habría nubes, y no rocas. Pero ¡joder si estaban afiladas esas nubes! Y de nuevo te imagino, en cualquier otra parte, pudiendo. Porque ya parece que no, pero hay días que parece que sí. Tantos años, y me di cuenta al final. Y tú, también, supongo. Nunca es tarde, pero tampoco es pronto.
19 jun 2012
17 jun 2012
El vuelo para las 7.
Me despertaron temprano. Ven, tenemos que decirte algo, me dijeron. No, no me despertaron; estoy soñando. Te damos la opción de irte lejos de aquí, un año, o dos, o tres, o no vuelvas, pero te dejamos irte. ¿Qué día es? Cualquier sábado. Coño, no puedo irme un sábado. El vuelo dura un par de horas. Trato.
Cuando llegué me presentaron a un par de tíos que serían mis compañeros de piso. Mierda, había quedado hoy con ella a las siete. Se llamaban Tom y Jim, o algo así, no sé. Uno era rubio. Y estaba bastante gordo. Apenas entendía una mierda de lo que me decían, obviamente no era mi idioma el de ese país. ¿Dónde estoy? Hasb... Hamm... ni idea, pero empezaba por h, creo. Está lloviendo.
Deshice mi maleta sobre la cama. Muy poca ropa, muy pocas cosas. ¿Cómo es posible que quepa mi vida en una maleta tan pequeña? El azul atravesaba la ventana y se proyectaba en las cuatro paredes del que sería mi dormitorio. Tan solo había azul. Un océano. Me estoy ahogando, siento. ¿A cuántos kilómetros estoy de casa? ¿A cuántos kilómetros estoy de encontrarme? No, ya me he encontrado. Esto es encontrarme, lo de antes, era perderse. Sí, será eso. El gordo rubio entró en mi cuarto, y se sentó en la cama, sobre una de mis camisas favoritas: la verde. Hijo de puta, levanta tu culo, pienso. Sonrío y le arranco de sus posaderas mi camisa, él sonríe y dice algo que ni idea.
Deshice mi maleta sobre la cama. Muy poca ropa, muy pocas cosas. ¿Cómo es posible que quepa mi vida en una maleta tan pequeña? El azul atravesaba la ventana y se proyectaba en las cuatro paredes del que sería mi dormitorio. Tan solo había azul. Un océano. Me estoy ahogando, siento. ¿A cuántos kilómetros estoy de casa? ¿A cuántos kilómetros estoy de encontrarme? No, ya me he encontrado. Esto es encontrarme, lo de antes, era perderse. Sí, será eso. El gordo rubio entró en mi cuarto, y se sentó en la cama, sobre una de mis camisas favoritas: la verde. Hijo de puta, levanta tu culo, pienso. Sonrío y le arranco de sus posaderas mi camisa, él sonríe y dice algo que ni idea.
3 jun 2012
Confieso.
Y la verdad es que sí, siento lástima por ellos. Porque fingirán creer que sí, que son felices. Y ojalá lo sean de verdad, o se autoengañen, o como demonios sea. Pero aquellos que viajaron de amor en amor acaban sin tenerlo. Y tampoco es que sea mucho más meritorio quedar preso por una persona durante una vida. Y supongo que aquellos trotadores son los que no hay día sin noche que no piensen en que sí, que quizás hubieran podido pelear un poco más por lo que de veras quisieron. Y entonces ese es el verdadero sentimiento; todas las acepciones de la palabra. Pero y qué. Pues nada, escapa si puedes de él, porque no es tan meritorio quedar preso.
Y aquí sigo yo, sentado sobre cualquier acera, mirando mis Vans sobre la carretera, entre cualquier humo, y entre cualquier botella. Esperando que haya algún coche que sea capaz de levantarme. Pero no cruzan, siempre es de madrugada en esa calle. Me encanta que lo sea. Me siento solo. Odio que así sea.
Y es que cada vez quedan menos escapatorias. No paro de buscar el cambio de aires que necesito. Cambiar de personas, de lugares, de noches. Y es lo mismo siempre. Un círculo; ahí, como el de la izquierda. Y no sé en qué refugiarme ya para poder tener un día más por el que seguir.
Siempre vuelve todo, siempre. Pero esta vez es distinto. Es ahogarme hasta que vuelva, y no quiero esperar más.
Y aquí sigo yo, sentado sobre cualquier acera, mirando mis Vans sobre la carretera, entre cualquier humo, y entre cualquier botella. Esperando que haya algún coche que sea capaz de levantarme. Pero no cruzan, siempre es de madrugada en esa calle. Me encanta que lo sea. Me siento solo. Odio que así sea.
Y es que cada vez quedan menos escapatorias. No paro de buscar el cambio de aires que necesito. Cambiar de personas, de lugares, de noches. Y es lo mismo siempre. Un círculo; ahí, como el de la izquierda. Y no sé en qué refugiarme ya para poder tener un día más por el que seguir.
Siempre vuelve todo, siempre. Pero esta vez es distinto. Es ahogarme hasta que vuelva, y no quiero esperar más.
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