Recordaba los días. Aislándonos del único distinguido mundo, erigimos el propio entre cuatro paredes por cuatro días. No salimos en 5760 minutos. ¡Joder, eran muchos minutos! Minutos de despertar en sus mejillas y dormir en sus labios. De viajar a París en los puntos cálidos de su cintura. Olvidar incluso el café de la mañana por besar las nubes presas en almohadas. Admirar los dibujos formados por empapadas sábanas en el suelo. Arte, les llamamos, pero de no museos. El yin yang en nuestras manos. ¡Nos mira el mundo! ¡Que le jodan, estamos escondidos! Desayunaba sus ojeras y cenaba sus bostezos. ¿Qué hay del tiempo? Ya no avanza, olvídalo. ¿Somos perfectos? ¿Te crees perfecta? Solo contigo. Solo contigo. Recordaba los días como si fueran domingo.
- ¡Eh, tú! ¿En qué piensas?
- No, en Nada.
20 abr 2012
15 abr 2012
Flor del mar.
En el punto más alto se encontraba, por encima de las nubes. Abandonaba, por fin, aquel lugar; sin cruzar ninguna puerta. Antes de salir, echó un vistazo atrás; fijándose en todo cuanto abarcaba su vista. Vastas extensiones de terreno, sin cultivar, se rendían ante la grandeza de sus ojos. Por primera vez, se sintió el Dios de aquel lugar. No recordaba el tiempo que había pasado preso de aquellas tierras. Pero fueron años. Quizás siglos. Observó por el este, donde unas dunas casi alcanzaban las nubes. Recordó el subir por un lado, y el bajar por otro. ¡Y cuán costosa fue la subida y placentera la bajada! Luego el oeste, "las tierras del sol", las bautizó. Donde tan solo una vez llovió, y suficiente fue para inundar aquella zona. Y finalmente, miró al frente. El último camino que hizo para llegar hasta donde estaba, y donde comenzó todo. No recordaba el segundo día, ni el tercero; pero sí el primero. Despertó sobre el ardiente suelo, aturdido y cegado por la luz del día. No supo cómo había aterrizado en aquella pista, ni cuándo despegó. De su pasado, solo recuerdos que bien podían haber sido soñados. No hubo compañía humana en su exilio, pero sí compañía.
6 abr 2012
Charcos en el suelo.
Me desperté a las doce. No miré el reloj, pero sería aquella hora. El ruido de motores atravesaba ya mi abierta ventana, y con él una brisa. Puede que fuera martes, jueves, o domingo. Me levanté de la cama y me acerqué a aquella ventana. Sí, era domingo; este dolor de cabeza no es de martes. No recordaba nada de la noche anterior. Pero lo imaginaba todo. Probablemente, habría ido a aquel bar, donde ella bailaba. Probablemente, al acabar su baile y dejar ardiendo al personal, le diría de ir a tomar algo a alguna otra parte que no fuera aquellas luces rojas. Arrancaría mi coche y viajaríamos por carreteras secundarias. Tomaríamos algo en cualquier bar, pero no estaríamos mucho rato. Iríamos a algún motel del que me marcharía justo antes de que ella se despertara. Y no la llamaría en toda la semana. Probablemente pasó eso. Y probablemente no. Probablemente me quedé en casa escribiendo. Imaginándome toda una vida y una muerte. O probablemente me iría con otra mujer. Levanté la tapa del retrete, y me puse a mear. Cerré los ojos por un momento y comencé a ladear la cabeza. Me salpiqué en la pierna. Jodido imbécil. Quizás hoy me enamore otra vez de ella, o quizás la odie. No sé cómo me he levantado, y no sé con quién me acostaré. Sí sé que escribir una historia es cuestión de una persona, y que la historia no la escribiría si no hubiera nadie que quisiera ser escrito. Que las del mañana no importan, y las del ayer son para brindarlas una sonrisa.
4 abr 2012
Piezas del puzzle.
Y por la mañana, apenas recordaba nada. Las mil y una palabras que había imaginado decir la noche anterior, quedaron sumidas al olvido; teniendo de nuevo un papel en blanco. Pero esta vez apenas había palabras con las que pintarlo. No importaba. Comprendí que en la única soledad posible surgiría aquella atmosphera que las dibujaría fácilmente en mis labios. Porque apenas hay que pensarlo demasiado. Que bajo la blancura de aquella aparente fría tez, se escondían las llamas del más ardiente fuego; esperando a salir. La infinidad del universo se encuentra resumida en la profundidad de sus ojos. Y la facilidad de perderse en ellos incluso es capaz de hacerme estremecer. Asomarse a ellos y no quedar prendado debería ser digno de admiración. ¿Qué admiración? ¡Una jodida medalla!
Del más vacío silencio buscaré el rellenarlo con palabras, e incluso notas músicales. Capaz de atravesar cada uno de tus lunares y perderse por los rincones de tu cuerpo. Y volveré a aquel momento, en que me pregunte dónde fueron a parar aquellas palabras. Y seguro, que poquito a poco, irán surgiendo de nuevo en mi mente a medida que vuelvas a quedar atrapada en mis ojos; hasta formar el texto imaginado cualquier noche de primavera por un simple novato escritor en busca el botón capaz de encender tu luz.
Del más vacío silencio buscaré el rellenarlo con palabras, e incluso notas músicales. Capaz de atravesar cada uno de tus lunares y perderse por los rincones de tu cuerpo. Y volveré a aquel momento, en que me pregunte dónde fueron a parar aquellas palabras. Y seguro, que poquito a poco, irán surgiendo de nuevo en mi mente a medida que vuelvas a quedar atrapada en mis ojos; hasta formar el texto imaginado cualquier noche de primavera por un simple novato escritor en busca el botón capaz de encender tu luz.
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